Nunca había sentido tanto miedo y angustia. Para empezar, esta historia comienza hace muchos años atraz, cuando yo era una niña.
Cuando estaba a unos meses de cumplir los flamante 15 años, mi papá me hizo la siguiente pregunta: “Hija, dime ¿Qué quieres estudiar cuando salgas del colegio?, para ser sincera la pregunta me sorprendió apenas estaba en tercero de secundaria y ¿Ya debía saber que iba ser de mi vida?, le conteste con la sencilla y única respuesta que tenía- No sé. Para no hacer el cuento largo tuve el sermón de la vida. Recuerdo claramente lo que me dijo mi madre en ese momento: “Hijita no me importa si eres basurera, pero tiene que ser con un título universitario”. Tengo que decir que desde ese momento (entre lágrimas) hasta el año siguiente viví angustiada de no saber qué pasaría con mi “futuro”. Ahora entiendo porque mi mamá siempre se opuso a la idea de mi abuela de ponerme a tan temprana edad al colegio, hubiese sido el peor error cometido, yo hubiese salido del colegio a los 15 años como muchas niñas lo hacen sin saber que carajos hacer de mi vida, tal vez sería una completa infeliz, porque eso si yo nunca hago o continuo lo que no me gusta.
Durante meses estuve en el limbo vocacional hasta que llegué a cuarto de secundaria, menos rebelde y muchísimo más madura debo aceptar (después de aquel viaje no podía ser para menos). Recuerdo y siempre recordare ese día, esa primera clase como la luz que iluminaba mi destino (es enserio), fue en mi primera clase de Biología cuando supe que para eso yo había nacido, si no creía en el amor a primera vista, pues ahí no solo me enamore, me casé con ese sueño. Ahora todo tenía sentido, bien recuerdo alguna vez cuando era niña echada en el asiento trasero del Volkswagen rojo de mi papá aquel sueño que aún tengo presente y que cuando alguna vez lo conté se reían de mí. (Es real) Me veía yo de grande con una bata blanca con los pelos locos en un laboratorio, en realidad ahora sé que es un laboratorio porque a los 5 años no tenía ni la menor idea que era eso, pero si supe desde muy pequeña que quería ser como una especie de “científica loca”. Para variar la inseguridad que todos tenemos me hizo pensar que eso sería casi imposible, que se debía de ser un genio (de los que ya no existen). Este sueño me hace ver que cuando uno sueña con el corazón en realidad está decretando.
En los meses que tuve de incertidumbre profesional sabía que yo tenía que estudiar algo relacionado con la ciencia, entonces me dije bueno lo más referente a ciencia es medicina aunque para ser sinceros nunca me ha gustado, no he sentido la vocación (porque se debe tener vocación para estudiar algo así, creo que debería ser un requisito). Esto me hace recordar una frase “Lo que es para uno aunque te lo quites y lo que no es para uno aunque te lo pongas” y ahora le doy toda la razón. Hay algo que siempre me hará mantenerme firme en esta sabia decisión que tuve al escoger: Un médico puede salvarle la vida a ciento hasta miles de personas, pero un biólogo puede salvar a la humanidad.
Una tarde de almuerzo familiar les informe a mis padres que Biología era lo que quería estudiar, obviamente se extrañaron mucho pero como siempre me apoyaron desde el primer momento (claro tenían que ser coherentes, no iba ser basurera pero bióloga sí y con título). Sin lugar a dudas debo agradecer enormemente a mis padres que me han apoyado de una manera incondicional y que admiro y respeto muchísimo, es verdad sin ellos no seriamos nada.



No hay comentarios:
Publicar un comentario